viernes, 21 de octubre de 2011

"Bebida de una noche" - Yasumi Murasaki


    
       Siento tu anhelo repentino, incluso a través de la larga distancia entre pared y pared que nos separa en este enorme salón lleno de gente. Sabes que estoy aquí, el objeto de tu mudo deseo en una fantasía inconsciente. Sabes que estoy aquí, lo sientes, pero no sabes quién soy
e involuntariamente empiezas a impacientarte. Tomo mi tiempo para cruzar entre la masa de personas, me regodeo entre la enmarañada danza de brazos y piernas de un monstruo de mil cabezas, disfrutando con cada pensamiento lujurioso que inevitablemente se agolpa en tu mente al aparecer yo en tu campo de visión. ¿Qué es lo que no puede ser, mi frágil mariposa? ¿A qué te refieres con que aquellos pensamientos no son tuyos? Me acerco a ti y veo que te pones nerviosa, pero las
ansias son más. Crecen y te arañan por dentro. Apenas eres capaz de balbucear un saludo que revolotea por un instante sobre aquella bruma de voces antes de desaparecer. Ah, así que de repente de has vuelto tímida. ¿Dónde quedó toda aquella lasciva? Pero la noche es larga y con tiempo de sobra para obtener tu confianza.

        Un escozor de herida recién abierta sube por tu espina dorsal hormigueándote en la espalda, puedo sentir tu alma retorcerse en tu interior mientras tus sentidos ignoran la penosa advertencia.
Tomo tu cintura delicadamente apartándote de la multitud al invitarte a beber cualquier cosa.

                                     — Querida, el mundo es la copa de la cual yo bebo. —

        Te sientes complacida ante mis palabras, tomándolas como un refinado alago sin pensar en lo extraño que es el hecho de que te sientas de aquella manera por semejante frase de un tipo que apenas hoy por la noche acabas de conocer. Los dos sabemos que en diferente compañía aquella frase te hubiera asustado, pero no importa. No quiero que pienses en ello.



        La música retumba en nuestros tímpanos y el gentío vibra a nuestros pies. Sonrío ante tu imagen retorciéndose disimuladamente mientras el último atisbo de voluntad desaparece. Te guio de nuevo, esta vez con un brazo pretendiendo descansar sobre tus hombros cuando lo que hace es estar
rodeando tu cuello. Nos dirigimos hacia el área VIP en la que, ahora recuerdas, era tu gran sueño poder estar, y te recuestas sensual en uno de los sillones.Pido otra bebida para los dos, la cual te es desconocida y en vez de preocuparte te divierte. Me agradas… Y no, por supuesto que no pretendo embriagarte.


       Las han traído apenas y ni siquiera las miras. Te he regalado un momento de frenesí, solo para tu disfrute. Solo por no negarte a ser mía. No importa el hecho de que jamás habrá posibilidad de que alguien pueda hacerlo. Sé que escuchaste mi risa sisear entre mis dientes pero no te detienes por ello. Algo parecido a lucidez te hace preguntarte de repente que haces encimada sobre un desconocido y encuentras la respuesta en la piel roja de los sillones de vinilo.
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Miras de reojo las bebidas que nunca tocarás que reposan seguras sobre la mesilla que tenemos en frente. No parecen importarte pero las miras una última vez, parecen ajenas a todo lo que vives, la cristalería empañada. Y les das la espalda.

De nuevo tú delicioso pero algo patético sentido de supervivencia logra hacerse notar sobre los demás.El mismo atisbo de lucidez y confusión es el que intenta comprender por qué estás fuera en ‘aquel callejón en las cercanías’ del antro, al momento en que te conozco más a través de las imágenes que se forman en mi mente. Veo a la pequeña niña de cabello negro jugando con insectos y
las dulces golosinas escondidas en la casa de muñecas, veo a la joven pelearse con su tía y a la muchacha dar su primer beso, escucho el llanto del bebé de ojos claros… y veo de regreso a la mujer retorciéndose de placer entre mis brazos. Gimoteas nombres desconocidos y palabras que no me interesan.
 Eres una necia por pensar que me interesaste más allá de este momento. Estás tan ciega que no terminas de comprender que lo que tendí ante ti fue una telaraña de fantasías y no notas el corte en tu muñeca, tan ciega que confundes el tipo de mirada que te dirijo con una como la que tienes ahora, pero no importa, porque eres hermosa. Eres hermosa y es lo único real ahora.

Ves con anhelo y pasión escandalosa al hombre que se  encuentra aprisionándote contra los muros de aquel oscuro callejón en algún suburbio de mala muerte ¿Qué cómo llegamos ahí? Pero lo piensas sin pensar. Es como si, repentinamente, un manto de excitación fuera el que me hubiera dado cobijo durante esta noche, dices para ti.
Y sé lo que piensas, se lo que sientes. Porque cada sensación y sentimiento yo lo he puesto allí, pero ¿Para qué preocuparme ahora por eso? Abres los ojos con desmesura y un grito se ahoga en tu garganta al momento en que yo me ocupo de abrir ese corte enalguna parte estratégica de tu cuello.
Intentas escapar en vano.

— ¡Pero si hace un momento decías que nos estábamos divirtiendo! — Te digo sin querer evitar la sonrisaque atraviesa mi cara. Pero tú, al contrario, me miras horrorizada. ¡Si, lucha! Lucha por la vida que perdiste desde el momento en que fije mis ojos en ti. La queabandonaste desde el momento en que aceptaste mi mirada.

       Mi máscara de seriedad vuelve a ocupar su lugar, almomento que aprisiono tus muñecas hasta que el coloretéreo que toman compite con el blanco de tus ojos.

Surge un debate interno… me encantas. No sé si reírmecomo histérico o llorar a mares ante la inútil batalla que libras. Abro otro corte. Más sollozos y tomo de tu boca lo que quiero, ahogando con eso los gritos lastimeros y aterrados que son una mezcla entre desesperación y sentidos reclamantes.
Voy a mi tiempo, lo disfruto. Ni muy lento ni muy suave, ni muy profundo ni muy salvaje. Encuentro en tu mirada la mirada de la ofrenda de carne preparada para el sacrificio, la de alguien que sabe, acabará degollado.Mirada disfrazada de petición y súplica silenciosa.
Un último intento hecho en vano.
Y fuera de toda lógica te derrites los últimos segundos con una pasión que acaba de ser satisfecha, una oleada de agradecimiento en el favor final a un cuerpo deshecho. El último sorbo, reconfortante después de aquella avasalladora sacudida.

Me encargo de aquél amasijo marchito que en otro tiempo fue un cuerpo de delicia. Arreglo mi vestimenta y peino mi cabello con los dedos ya limpios, no sin antes asegurarme de borrar todos aquellos vestigios de mi cuerpo. Me separo de mi saco nuevo que duró seis noches
antes de ser manchado por un placer de dioses. Las nubes que ocultaron el crimen a los ojos de la luna se abren paso para recibirme, mientras me dirijo a otro lugar donde los brazos y piernas sean uno solo de nuevo.

— Querida, el mundo entero es mi copa… y tú eres la bebida la cual yo bebo.

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